“Velad, porque nos sabéis el día ni la hora”.
Mt. 25:13.
Los cristianos creemos en que llegará indefectiblemente ese día de nuestro encuentro con Dios. No hablo del proceso de conversión, hablo del encuentro final y definitivo con Dios para pasar a la morada eterna. Cuando llegue ese día, ¿qué estaré haciendo? ¿dónde estaré? ¿en qué estaré pensando? ¿qué trayectoria habré tenido en mi vida? ¿en qué condición estará mi “yo” interior? ¿estará Dios contento conmigo? ¿estará decepcionado? La idea no es que nos pongamos paranoicos, pero sí que pensemos en que debamos estar preparados, como el símil que hace Jesús en Mateo 25, sobre las doncellas que esperan al esposo que en algún momento llegará para las bodas (ubicándonos lógicamente en el contexto histórico y cultural judío).
Estar preparados implica llevar una vida conforme a nuestros valores y a los preceptos cristianos que hemos aprendido, pues luego que conocemos la luz no hay excusas para andar en tinieblas. Estar preparados, porque no sabemos el día ni la hora.
Mt. 25:13.
Los cristianos creemos en que llegará indefectiblemente ese día de nuestro encuentro con Dios. No hablo del proceso de conversión, hablo del encuentro final y definitivo con Dios para pasar a la morada eterna. Cuando llegue ese día, ¿qué estaré haciendo? ¿dónde estaré? ¿en qué estaré pensando? ¿qué trayectoria habré tenido en mi vida? ¿en qué condición estará mi “yo” interior? ¿estará Dios contento conmigo? ¿estará decepcionado? La idea no es que nos pongamos paranoicos, pero sí que pensemos en que debamos estar preparados, como el símil que hace Jesús en Mateo 25, sobre las doncellas que esperan al esposo que en algún momento llegará para las bodas (ubicándonos lógicamente en el contexto histórico y cultural judío).
Estar preparados implica llevar una vida conforme a nuestros valores y a los preceptos cristianos que hemos aprendido, pues luego que conocemos la luz no hay excusas para andar en tinieblas. Estar preparados, porque no sabemos el día ni la hora.


