Del Chikungunya a Ébola

POR JOSE ANTONIO MATOS PEÑA.

Nos sorprendió, a los Dominicanos, la presencia de el virus Chikungunya, en cantidad de afectados y en duración de efectos,  que persisten, que aunque como dijimos en artículos anteriores, “no mata, pero maltrata”, desbordó las autoridades gubernamentales del área de salud, sobre todo, demostrando hasta la saciedad una gran falta de capacidad, de convencimiento en su necesaria propaganda y en los cálculos y numeritos de los alcances de la epidemia en la sociedad dominicana, cuando ellos estipulaban en un cerca de 40% de afectados, la población veía un probable 90%, a punto tal, que ya en la población se habla más de los adoloridos por la enfermedad, que de los nuevos afectados, aunque los hay, a diario, pero en mucho menor cuantía, reflexionamos en nuestro pensamiento, que si fuera mortal, quedaran pocos dominicanos, ¡que Dios  no lo permita así”.

Hoy se habla del virus Ébola ó virus del Ébola, nombre que proviene del río Ébola, en la república del Congo, antigua Zaire, donde fue  identificado por primera vez, en el año 1976, durante una epidemia de alta letalidad.

La patología que causa, cuentan, consiste en una fiebre hemorrágica viral (del Ébola), que es infecciosa y altamente contagiosa, que para menos desdicha, se propaga mediante contacto de sangre o carne (incluye además, líquidos corporales como sudor, saliva, orina, vómitos y demás, de vivos o muertos), alcanzando además del hombre, a algunas especies de mamíferos.

Los períodos de incubación van de 2 a 21 días, siendo más frecuentes de 5 a 12 días. Se considera a los  “murciélagos frugívoros” como los huéspedes naturales del virus de Ébola en África, por suerte, aquí no existen.

La República Dominicana no termina de recuperarse y entender las afecciones del virus Chikungunya, de tan lejos como cerca de 1800 kilómetros, similar al del Ébola en cuanto a distancia. Hoy amanecemos con el anuncio de que más de 250 ciudadanos Españoles corren el riesgo de contraer la enfermedad, por tanto debemos poner nuestra barba en remojo, habidas cuentas de que de aquella región del mundo y nosotros hay un trasiego de personas y cosas en correspondencia biunívoca, aunque lo veamos tan remoto, en África para el 1976 se estableció la muerte del 92% de los afectados, se supone que a estos días, con los avances de la medicina no sería de esas dimensiones, pero la verdad es que espanta el solo pensarlo.

El estado Dominicano debería actuar con premeditación, actuar con sabiduría y cortar por lo sano, reformular el ministerio de salud con una figura que tenga peso en las actividades médicas y sociales, crear una gran comisión de científicos de la medicina, que trabajen en conjunto con el ministerio y empezar de inmediato trámites congresuales a fin de  utilizar en esta prevención de vidas, parte de los fondos de la seguridad social, además invertir más fondos públicos en el ministerio y estos menesteres, aunque tenga que reducir la inversión en escuelas, dice el pueblo “es mejor tarde que nunca”, pero en el caso, “es mejor temprano,  que tarde”, ¡este es el momento!
 
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